28 de julio de 2013

La decisión que le dio solución a mis problemas


Hace unos días me encontré con el siguiente tuit “Ser inteligente no es saber más que los demás, ser inteligente es saber pensar” y más allá de ser una frase fácil de entender es absolutamente abstracta. ¿Qué significa saber pensar?, ¿qué es saber más que los demás? Es común confundir la ignorancia con falta de inteligencia cuando es claro que nada tiene que ver una cosa con la otra.

Pero sin duda, la disertación permanente sobre la inteligencia demuestra que es algo que preocupa al mundo y de ahí que tanto se esté juzgando la educación actual y de la cual hemos sido víctimas. Una educación basada en la memorización y un mundo que pondera la dedicación a la academia como un valor ¿qué valor tiene repetir? ¡claro que es necesario instruirse! Pero para eso están los libros, para eso está el internet para eso está el mundo.

Púlpito

Sin duda la información es clave pero mucho más clave es saber que hacer con ella, y eso, no lo enseña nadie. Es increíble escuchar las mismas respuestas vacías a planteamientos complejos, cómo por ejemplo cuando se cuestiona el problema de la movilidad de Bogotá -la respuesta inmediata es- qué el alcalde no sirve para un culo. Y estoy seguro de que esas personas no saben que vendrán mil alcaldes más y no lo van a resolver sin inversión. Pero ¿inversión en qué? –sale de la nada el otro comentario del sabio muckusiano- a decir en “cultura ciudadana” respuestas idiotas como esas son el ejemplo de la falta de capacidad de entender la realidad, esto lo tomo como un simple ejemplo, porque si me preguntan a mi no tengo ni idea cual será la solución, pero por lo menos acepto mi incapacidad de opinar sobre algo tan complejo que sin duda está relacionado con el crecimiento de la población, de la concentración de vehículos en zonas de oficinas o empresariales, de la incapacidad de tener una vía que circunde la ciudad para mandar el trafico pesado, de la pobre infraestructura vial, con calles angostas sin espacio para bajar y subir pasajeros, del pobre sistema publico de transporte que apenas puede con los que no tienen carro ahora ¿cuál sería la catástrofe si subimos a los de los carros en los buses?, adicionalmente que el pico y placa ha estimulado el ingreso de más carros y el parque automotor cada vez es mayor y las calles las mismas entonces no resulta ser tampoco una solución de fondo el pico y placa, por lo tanto no puedo decir nada diferente a esto es un mierdero muy jodido de resolver.

Y utilice los párrafos anteriores como ejemplo de cómo veo yo el mundo y   para declarar mi inconformismo total con esa forma de ser, me aburrí de ser un maldito observador –sin acción- empeñado en querer entender la vida. Quiero renunciar a observar, quiero gritar que “¡DIOS EXISTE!” quiero que me perdone por haberlo ignorado tanto tiempo a pesar del sinnúmero de mensajes que me manda, quiero decirle que entendí que el hecho de que el motor del carro, misteriosamente, se haya destruido y me haya costado un ojo de la cara arreglarlo no era más que un mensaje divino, o que mi cuarto se haya inundado y me haya obligado cambiar todo el piso, cuando no tenía presupuesto para eso, es otro de esos mensajes que lo único que buscan es sensibilizarme ante su presencia. Qué haber tomado eso con ligereza y decir “menos mal nada peor pasó” no es la actitud, debo decir “Dios por qué te olvidas de mi”.

Quiero dejar de entender al mundo, quiero dejar de pensar en sus motivaciones, quiero ser un juez y señalarlos, decirles brutos, malos, ignorantes, animales, quiero dejar de dudar de cada cosa que pienso, quiero tener la razón y dejar de decir “quizá” ¡no más!, quiero decir “¿me entiendes?” me mamé de decir “¿no se si soy claro?” me decepcioné de la humildad socrática, me niego a entender la duda metódica, solo quiero un dogma para mi vida el cual defenderé con vehemencia y sin dudar de que el que no me acompaña, es mi enemigo.

Quiero declarar mi amor al prójimo, decir que dios es amor y odiar con pasión a los que se aman si son del mismo sexo, quiero dejar de leer columnas de Ricardo Silva Romero y de Héctor Abad Faciolince para leer a José Obdulio Gaviria y a Fernando Londoño quiero dejar de creer que se debe respetar la constitución y de estar convencido de la importancia de que este sea un país laico, que va, no más hipocresía este es un país que necesita a Dios con su orden y seguiré con fervor al procurado Ordoñez aprenderé latín y quemaré todos los libros del demonio que él me ordene.

Renunciaré al cochino sexo y al sexo en general, seré célibe, y si un día encuentro a la mujer de mi vida solo la tocaré, en el punto necesario, con fines procreativos, le abriré un huequito a una sabana blanca con una perforadora convencional, espacio suficiente para permitir pasar mi sexo a ella mientras rezaré “no es por vicio, ni por fornicio, sino para darte un hijo a tu servicio”. Juzgaré a todos aquellos que creen que el sexo es una forma de expresar amor o un delicioso placer de la carne. No, el sexo solo es para procrear, lucharé para que la gente no use condón porque las enfermedades venéreas se previenen con la abstinencia.

Se acabó mi maldita costumbre de observar y querer entender al mundo, obraré en consecuencia y utilizaré las redes sociales para mostrar mi nuevo estilo de vida, opulente, esnobista, hermoso, lleno de amor y cosas perfectas, comenzaré a comer comida sofisticada y cada plato lo compartiré, sin dudarlo un segundo, en Instragram, claro que no con los pobres porque ellos no lo sabrán apreciar. Viajaré por el mundo y publicaré mis fotos en Facebook para que vean que el progreso viene de la mano de Dios y les mostrare cada cosa que compre agradeciendo ese regalo bendito.

Despotricaré de Santos y de su estúpida idea de hacer la paz. Las cruzadas, la inquisición y la violencia conservadora me ha enseñado que hay que matar al que no piense igual, vamos a mandarlos a la hoguera, plomo hijuemadre para todos, que perdón y olvido, necesitamos matar a todos esos campesinos colombianos, ignorantes que sin ninguna otra posibilidad para sobrevivir se alistaron en la guerrilla. Muerte y sangre es lo que necesitamos promover, ¿paz? ¿para qué? Esa llegará cuando descansen en “paz” todos los guerrilleros en fosas comunes y en campos santos.

Definitivamente me siento mejor, que lindo es el amor de Dios, este odio por los gays, por la paz, por los que piensan diferente, por el sexo impúdico, por el desvalido, me llena de energía, dejaré de sufrir este país y me dedicaré a juzgar a Petro por comunista, a Santos por pacifista, a los gays por maricas, a las putas por alegres, a los condones por grandes, a las pastillas anticonceptivas por alcahuetas, a los que piensan por su falta de fe, a los artistas por sinvergüenzas, a los testigos de Jehová porque son comprados por la fiscalía, a los judíos por inventarse lo del holocausto (eso es lo que nos enseña el procurador), a los gamines porque piden limosna y eso es irrespetar el monopolio de la iglesia y el que no esté de acuerdo ojalá no tenga un puesto publico porque le cae la procuraduría.

Gracias mi Dios me siento tan bien.

23 de junio de 2013

Me aburrí de no entendernos


Recuerdo como si fuera ayer la campaña hecha en 1992 por los curas jesuitas del colegio en el que estudiaba, se llamaba “En busca de nuestra verdadera identidad” en conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América.

En ese entonces, ya de eso algo más de veinte años, no había celulares ni internet y la información que disponíamos era la que muy generosamente nos suministraban en el colegio, guías de trabajo y bibliografía alimentaba esa sangre indígena que llevo dentro y me aventuraba a luchar contra el esnobismo de la época que no era más que querer tener unos tenis Nike  o Reebok y una camiseta Op o Gotcha creo que en ese entonces el concepto esnob no era muy fuerte era algo más relacionado como con el capitalismo Yankee, claramente nada tenía que ver con una lucha anti-imperialista porque sobra recordar que esos conceptos de izquierda no retoñan en un aula jesuita.

Entrañas
Tanto esfuerzo perdido, porque lo cierto es que la globalización no ayudó a que comprendiéramos nuestra verdadera identidad, una identidad que más parecía, en aquella época, una colcha de retazos. Deberíamos ser indígenas pero no lo aceptamos, es más, ni siquiera respetamos la cultura indígena, al indio lo queremos “culturizar” como si su cultura no lo fuera, como si estuviera equivocado, como si necesitara que lo ayudáramos a entender el mundo para que fuera más feliz.

Ese concepto tan arraigado en nosotros de tratar de convencer a los otros a las buenas o a las malas es  parte de nuestra historia y paradójicamente es de lo que más nos dolió y costó pero sin embargo lo replicamos con gran habilidad.

Nosotros éramos unos indígenas, tranquilos, frescos y  en conclusión relajados, esa violencia centroamericana no nos caracterizó, no me refiero a la de las maras sino a la de los Mayas.  Un día como lo saben llegaron y nos cambiaron oro por espejos, nos pusieron a trabajar gratis, violaron a nuestras mujeres, nos enseñaron lo insoportable y mortal de una enfermedad venérea, nos “evangelizaron” eso fue algo más o menos pasar de creer en el sol que nos alumbraba y calentaba por un dios al cual hay que temerle.

Pero bueno así somos nosotros. A mediados de los años cincuenta el colombiano bien, era más europeo que indígena, estudiar en Europa era característico de las clases altas bien valdría la pena entender la posguerra de Francia y el porqué realmente hay transformación del pensamiento y la reconstrucción de una nación desde lo intelectual un existencialismo estructurado a partir de una historia dura pero sin duda una pagina que pudieron pasar desde las ideas.

Pero no pasó mucho tiempo para que todo eso perdiera peso  llegaron los sesentas y la psicodelia le ganó a lo intelectual y refinado del estilo europeo y se le dio paso a un movimiento filosófico absolutamente místico y profundo, el hipismo, basado en conceptos muy complejos y quizá difíciles de interiorizar,  la paz y el amor, no es más, las fuentes de inspiración no eran sino marihuana y  LSD aunque hay que reconocer que lo swingers de hoy deben darle gracias a la liberación sexual de los sesenta, porque qué  sería de ellos sin el movimiento hippie, seguro hay un trasfondo “interesante” para analizar como la guerra de Vietnam, pero a donde voy es que ni la segunda guerra mundial, ni la guerra de Vietnam nos correspondieron como para que nos movieran a hacer algo o  simplemente a pensar diferente.

Si nos ponemos a pensar lo más relevante de toda nuestra historia colombiana se la llevó un caraqueño, Simón Bolívar, de resto que podemos decir si nosotros no peleamos contra la ocupación Nazi ni contra vietnamitas, nosotros tenemos una cultura tan pobre que nos matamos entre colombianos por más de sesenta años y de eso no se estructura ninguna corriente intelectual y filosófica como el  existencialismo como tampoco un movimiento hedonista como lo fue el hippie.

Nosotros somos una fabrica de violentos, acá somos tan graciosos y patéticos que hay una época de “La Violencia”  y era entre Liberales y Conservadores y esa violencia nunca se ha acabado solo se transformo porque luego se concentra a historia de violencia entre grupos guerrilleros que se querían tomar el poder a través de las armas, luego hay narco-guerrilleros que se matan con paramilitares y en simultanea carteles de narcotraficantes que se matan por rutas con otros carteles compatriotas,  y luego toda esa mierda muta y convive pero con un titulo rimbombante como nos gusta a nosotros, Las Bacrim más colombianos matando a otros por plata y poder, porque acá no nos importa nada más.

Lo único autentico que tenemos en Colombia y son nuestros dignos representantes en el mundo son los traquetos y las prepagos, esas mezclas de blin-blin y poncho solo se ve acá, hay que reconocerlo; las acompañantes con paisajes en las uñas, sandalia plateada, teta y culo de silicona con cartera LV con el diseño de CH solo lo producimos nosotros, se llama “nadie se da cuenta descrestemos al mundo”.

Pero lo más divertido de todo es que uno ya no tiene que aprender para ser una persona culta o por lo menos decente, lo que hay que hacer ahora es desaprender lo que le enseñaron en la casa para que no le digan a uno que es un indio, iguazo, corroncho, guiso o algo peor.

Recuerdo que a mi me enseñaron que uno no debía embutirse a la hora de comer, que el pedazo de comida que iba a llevar a la boca no debí superar la cavidad bucal, es decir, que esa vaina de rellenar los cachetes de comida era de mala educación, luego me enseñaron que en un restaurante no ponían salsa de tomate, mayonesa o mostaza porque era dañar un plato que un chef experto preparó con las medidas justas para que quedara perfecto y que en caso en el que la comida, por lo general rápida, lo permitiera deberían echarse las salsas en cantidades mesuradas, lo excesos no son convenientes y algo peor resultaban ser de mal gusto.

Ayer justamente estaba en un restaurante y llegó una pareja de persona que se veían algo humildes y fueron objeto de burlas por los “cultos” meseros del establecimiento, tanto ella como él partían sus alimentos con cuchillo, había una salsa para acompañar pero no tenían un cubierto que les permitiera hacerlo por lo que con dificultad sacaban con el tenedor la salsa para darle algo más de sabor a su comida. Realmente si se veían un poco incomodos, llamaban la atención de los meseros por esto y esta situación fue la que me llevó a volver a escribir después de tanto tiempo.

Eran colombianos como yo, educados como a mi me educaron pero con la mala fortuna de no saber que es súper play impregnar la comida en salsa, embutírsela sin partirla y disfrutarla porque está cruda. Hoy es más importante saber comer sushi, a pesar de lo desagradable que se ven los cachetes inflados, que comer decentemente, es casi un pecado social rechazar el sushi, yo lo hago, claro después de haber probado miles, ante la insistencia de más de doce años del mundo que no entiende que no me gusta. Reconocer que no hay nada que me guste de eso, me hace sentir muy bien, muy indígena y dignamente indígena, me puedo comer una morcilla sin que la partan en rodajitas como el sushi, con la mano y sin embutirme, pero las tripas y la sangre de cerdo si son lo mío definitivamente, debe ser por eso que en Instragram no tengo seguidores.

Ojalá algún día realmente seamos dueños de nuestra propia identidad como sociedad somos tan desinteresados con nuestra cultura que finalmente siempre seremos esta desagradable colcha de retazos que nos hace ver como un bus interveredal lleno de crochet e imágenes religiosas, esa chiva que nos avergüenza  tanto que nos mofamos de ella llenándola de borrachos aguardienteros disfrutando el perreo en una fría noche capitalina es la cultura que hemos construido, no podemos hacer nada más interesante que eso,  que triste es saber que nos sentimos de mejor familia yendo a comer a un restaurante que no es más que una inmóvil chiva en la que todos entran vestidos con las más finas marcas del mundo a exhibirse, qué ironía, no? No nos gusta ir a la plaza de mercado a comer por popular pero nos encantan que nos construyan una para sentirnos “populares” pero no por parecernos al pueblo sino por diferenciarnos de él.

17 de febrero de 2013

De nuevo camino hacia el altar.


Algunos podrán llegar a pensar que tres matrimonios son muchos o simplemente suficientes pero realmente estoy seguro de que no son  ni muchos y mucho menos suficientes.

El matrimonio es una institución creada por el hombre que despierta un profundo morbo, es tan así que muchos de los que llegaron a esta lectura lo hicieron con la intriga (morbosa) de saber quién se va a volver a casar descuidando el detalle de que al altar (si se es católico) no se va sino una vez, salvo que tenga una doble fortuna, la de contar con la plata para el proceso de anulación y la de ganar la indulgencia del Vaticano.

Por qué a la gente le importa tanto  el con quién, cómo, dónde y porqué una pareja de enamorados decide casarse, qué necesidad hay de criticar a la novia o al novio o a la familia de los dos, en qué cabeza cabe que unir dos vidas es un evento social y no uno de profundo amor, qué sentido tiene hacer una boda suntuosa y exponerla al escrutinio público si con eso no garantizan un hogar feliz. Seguramente el señor que hace unos años le pegó e hizo unos disparos a su esposa después de un fiesta en un club de Barranquilla tuvo una boda de lujo, al igual que el pastor que mandó a matar a la esposa para cubrir su infidelidad pero igual hay miles de cientos de uniones maritales de hecho donde también se vive un infierno.

En conclusión la fiesta no sirve de nada y eso más allá del comentario obvio no es más que un tema meramente anecdótico.

Las ideas que han estado rondando mi cabeza en estos días, no son claras, como de costumbre, y están muy ligadas al amor, la convivencia en pareja y a la libertad que tenemos como individuos.  Esa libertad que nos debe permitir elegir pero sobretodo construir, crear, imaginar pero lo más importante soñar.

Leí hace unos días en el blog de @blueandtanit  una frase de Chavela Vargas que decía “Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad”.  Y desde ese día, ya hace algo más cuarentaicinco noches,  pienso a diario y no dejo de pensar en que el matrimonio no tiene unas reglas que permitan vivir en libertad, seguro se podrá construir una convivencia liberal con alguna bohemia compañera ocasional de viaje pero por encima de la idea de Doña Chavela el problema no está en que la gente le guste o no vivir con una persona libre, simplemente no lo soporta porque el concepto de matrimonio como está concebido no les ha permitido pensar en ello.

Un punto importante para aclarar es que estoy convencido de que hay matrimonios felices en donde la pareja se es fiel, por lo menos en cuerpo, creo que así como hay mujeres que les gusta el futbol, hay hombres que les gusta la peluquería y eso es perfecto son simplemente gustos algunos les gusta tirarse desde un avión con un paracaídas y a otros les gusta leer sentados en el piso. La pregunta que surge es por qué a todos nos debe gustar el matrimonio como está planteado. Es más, por qué no nos sentamos a pensar sobre si el matrimonio está bien planteado, en lugar de simplemente juzgar a la sociedad, diciendo que el mundo está lleno de inestables que no son capaces de sacrificarse y luchar por un matrimonio.

Estoy seguro de que ahí está el quid del asunto, yo nunca me casé pensando en sacrificio y lucha, siempre lo hice convencido de estar enamorado y con el deseo profundo de compartir la felicidad que el amor me producía con esa persona, dicho de otra forma era como un circulo virtuoso de amor y felicidad eterno hasta que me di cuenta de que nada es eterno en el mundo.

Después de tres fracasos matrimoniales, no se si se me acabó el amor o si por el contrario se estará fortaleciendo y por eso no se ha manifestado en un cuerpo de mujer que me lleve a pensar en la posibilidad de que por cuarta vez pueda unir mi vida con alguien.

Sin duda mis antecedentes no me ponen en una situación favorable a la hora de pensar en una esposa, es decir, no soy un soltero cotizado sino devaluado, las teorías de la adolescencia no aplican, esas cuando decía “busco alguien que me quiera por lo que soy y no por lo que tengo” pasaron los años y no tengo nada, ese era el optimismo de la juventud la idea loca de ser un hombre de éxito, hoy mi frase sería algo como “busco alguien que me quiera por lo que no tengo y a pesar de lo que soy”.

Finalmente la vida me enseñó que es imposible que a uno lo quieran como uno es siempre aparece la frase “es que si no fuera …” y es que si uno no fuera… pues sería otro. Yo creo que las mujeres se enamoran de la idea de lo que quisieran que uno fuera y no se preocupan por amar y respetar lo que uno es, hay una idea muy maternal de querer terminar de criar al marido y no la de amar a un malcriado marido.

El amor de pareja debería ser más como una reunión –eventual- de amigos sin reglas ni discrepancias, también debería ser el encuentro clandestino de dos amantes prohibidos; furtivo, intenso y esporádico, el ‘encoñamiento’ es el principio del fin.

La seducción debería trascender lo físico debería ser más intelectual, más fresca, más ligera y menos voluptuosa, debería traer no solo feromonas sino neuronas,  mejor lo concluye este aparte de la película Matín (Hache).



Hasta donde vamos, no vamos porque es claro que el amor no es matrimonio, ni el matrimonio es amor a pesar de lo que diga la definición y el interés de algunos en lavarnos el cerebro con esa idea equivocada de sinónimo.

Pero bueno, es claro que el matrimonio y yo cerramos nuestra relación, fundamentalmente porque me rehúso a la idea de perder la libertad en nombre de esta magna institución, por otro lado porque estoy convencido de que uno se debe casar enamorado y no creo que haya quien se enamore de mi a pesar de quien soy y por último porque es imposible meter en un espacio limitado a seres humanos que somos el resultado de nuestras frustraciones y complejos. Algunos los llevan mejor que otros pero, sin duda, las manifestaciones de los vacíos personales mutan en expresiones de soberbia y autosuficiencia que terminan por no dejar espacio en la casa para un paz duradera, para una tranquilidad del espíritu que, creo yo, debe ser lo más cercano a la felicidad.

Pasan los años y cada vez es más complejo lograr encontrar esa mujer con la que quiera compartir momentos especiales, sin juicios, sin pretensiones, sin siquiera la pretensión de ser conquistada como si fueran la isla del tesoro, creo que ese es el principal obstáculo que hay, la mayoría piensan que los piratas somos los de la pañoleta y el ojo parchado cuando el realidad el pirata que va a saquear ese tesorito es el adulador, mentiroso con la imagen del capitán del Crucero del Amor.

La vida me ha enseñado cosas, que el amor no es eterno, que las mujeres quieren con reserva, que un matrimonio no está preparado para la verdad absoluta y mucho menos para la libertad y que en cuestiones del amor nada está dicho. Me impresiona como relacionan también el amor con la edad y son las mujeres las que juzgan a los hombres maduros con mujeres menores diciendo “qué le puede aportar una niña de esas” lo que me hace pensar que a esa edad entre los veinte y los veinticinco estas treintañeras más bien cuarentonas no tenían mucho que decir o que aportar, hoy creo que más aporta una mente libre, joven, soñadora y sin complejos que una mente vieja, resabiada y con la idea de conseguir marido, pero en mi caso me conformaría con cualquiera dispuesta a hacerme el cuarto.

Me explico, tengo un ranking de lo más importante para mi: primero mi hija, segundo el trabajo, tercero la moto y estoy buscando la quiera ser el cuarto. Con esto acabo de sentenciarme a un resto de vida en soledad, lo sé.   

Bueno lo único sería conseguirme una inteligente analfabeta para follarme su mente.

Interesadas pueden dar clic en el CONTACTEME.

7 de enero de 2013

Una reflexión más...


En el 2012 cumplí el propósito de escribir doce posts en el año, lo que no quiere decir que haya habido una publicación mensual, para este 2013 no quiero bajar la guardia y mi meta será ambiciosa me comprometo con escribir cuantos post pueda eso en números puede ser menos de doce.

Creo que este es el post más difícil de escribir desde mi comienzo como escritor artesanal porque sin duda lo mío no son artículos, ni cuentos, ni relatos, ni mucho menos crónicas son unos escritos hechizos que por momentos ocupan ese tiempo en los que quisiera poder tener amigos con quien hablar de los temas que escribo y ahorrarme el trabajo de plasmarlo en una pantalla de computador.

Se me dificulta comenzar precisamente porque no tengo muy claro que es todo eso que quiero decir. Digamos que tengo varios temas rondándome la cabeza: el primero es sobre la educación de los hijos que se me agudizó luego de terminar de leer El Olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, el segundo que también se cruzó con el libro de Abad es el de la religión y su amor al prójimo y el tercero son los terribles daños que produce el egoísmo y la mentira.

Quisiera tener más de un lector para hacer una encuesta y determinar el tema, quisiera tener un editor para volver todo esto un libro por capítulos o en últimas quisiera tener una amigo que me desanimara a continuar escribiendo con un simple “porque eso no sirve ‘pa’ culo’”.

Pero creo que todo finalmente puede confluir en la educación y perdónenme que suene monotemático si lo comparan con el post anterior pero básicamente es una limitación de recursos literarios los que me llevan a repetir tantas palabras con sentidos tan diversos.

A mi no me gusta hablar sobre lo que leo porque desde que me leí La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, por allá a finales de los ochenta un cultísimos cura jesuita encargado de mi educación en un foro sobre García Márquez, al cual entré voluntariamente como parte de una actividad extracurricular, me ridiculizó cuando le conté de que se trataba aquella novela, que hasta entonces creía que era un cuento por lo corta, lamentablemente a mis no más de trece años yo solo pude ver el evidente sufrimiento de la Eréndira, que luego de la ridiculización de la que fui victima, supe que era nuestro pobre pueblo Latinoamérica explotado. Claro que pude comprender el planteamiento de la metáfora pero nunca pensé, como me lo hizo sentir el reverendo, que yo debía haber entendido eso.
Dejando de lado mi historia triste y me apatía a compartir lo que leo para evitar que me ridiculicen, creo que el libro de Abad Faciolince es inspirador sobre todo para aquellos padres, que como yo, a veces tememos de nuestro amor desmedido por nuestros hijos, dudamos de la educación afectiva porque nos enseñaron que era poco efectiva y a pesar de eso nos desbordamos en amor y algo de melosería hasta tal punto de llegar a con testar “Si ella es muy juiciosa porque nosotros le hacemos caso en todo” como respuesta al “que niña tan juiciosa”. Finalmente el propósito es la felicidad de ellos.
El olvido que seremos
Justo este mensaje de los señores Abad, padre e hijo, llegó en el momento en que pensaba sobre la educación de Silvana, tenía claro el tema del amor y lo reforcé, sin embargo a veces dudaba de si una educación laica era lo suficientemente conveniente, aunque hay unos principios éticos claros que recibe en la casa y en el colegio no se hasta que punto iba a ser un poco complejo el hecho de no tocar el tema de dios en ningún momento de su educación, estoy convencido de que si de hablar de dios se tratara, se complicaría el asunto, porque tendría que ser a parte de cualquier religión considerando mi incapacidad de explicarle que dios es tan bueno que creo a los dueños de la verdad que juzgan como equivocados a los de otras religiones y que en algunos países hasta se matan, esto de las religiones es complejo, sin embargo me di a la tarea de hablar con un hombre de fe que me ayudara con elementos de juicio para determinar si sería bueno continuar con esta educación laica.
Hablando con este amigo creyente al cual respeto profundamente me encontré con la primera sorpresa, al hablarle de alguna otra religión diferente a la suya sobre la cual estaba indagando un poco, su primera expresión fue “eso es un secta” inmediatamente me di cuenta que uno de los valores que le quiero enseñar a mi hija, el no juzgar, se desvirtuaría a la luz de esa religión.
Sin embargo, en otra ocasión salió ‘al ruedo’ el tema de homosexualismo. Esto me ayudaría sin duda a entender la posición religiosa con relación a las preferencias sexuales y comprender como funciona el amor al prójimo. La sorpresa fue enterarme que, como lo dijo mi amigo, eso es “una hijueputa abominación” y hasta documentos del Papa me ofreció para que yo entendiera porque debería condenarlos, inclusive ante el planteamiento mío de no poder juzgar la homosexualidad por el simple hecho de tener una hija de cuatro años y declararme incapaz de maldecirla en caso de que sus preferencias sexuales llegaran a ser homosexuales en su adultez, él pidió a su dios misericordia para sus hijos, para que los bendijera y no los castigara con una pena como podría ser la homosexualidad.
Cuando uno escucha los planteamientos del Senador Gerlein sobre el sexo excremental o las posiciones radicales del Procurador Ordoñez con respecto a las mujeres y al homosexualismo, se siente un poco de tufillo inquisidor en sus palabras pero no deja de ser sino un simple y rancio mal aliento de ideas ultraconservadoras añejas y realmente podridas por el tiempo. Sin embargo, escuchar de una persona cercana, amable, trabajadora y responsable con su hogar que no llega a los cuarenta años, juicios con similar talante donde el amor al prójimo no es incondicional, me llevan inmediatamente a concluir que el camino de una educación laica es el indicado, simplemente por el respeto a la diversidad, simplemente por el amor a la humanidad y porque sin duda prefiero hijos homosexuales que amen al prójimo respeten el derecho de los demás y su individualidad a retrógrados dueños de la verdad revelada que atropellan a los demás a las luz de sus prejuicios.
Insisto en mi teoría sobre lo legal y lo ético, si el actuar se ajusta a esos dos principios la moralidad religiosa se convierte es un adefesio rococó al mejor estilo barroco en pleno siglo veintiuno, es decir, termina siendo algo bien lobo.
Con respecto al punto del egoísmo y la verdad creo que debemos dejarlo para un próximo capitulo. En este me extendí lo suficiente lo que pone en riesgo el par de lectores que conservo.